Acertijos


Os voy a contar una pequeña historia que muy bien pudiera ser real…

Van tres amigos a cenar a un restaurante. Después de la cena, al pedir la cuenta, es donde viene el “sarao”.

Amigos: Camarero, nos saca la cuenta, por favor.

Camarero: Son 30 euros, caballeros.

Y cada uno de ellos pone 10 euros.

Cuando el camarero va a poner el dinero en caja, lo ve el jefe y le dice:

Jefe: No, esos son amigos míos. Cóbrales sólo 25 euros.

El camarero se da cuenta que si devuelve los 5 euros puede haber “follón” para repartirlos y decide lo siguiente:

Camarero: Ya está. Me quedaré 2 euros y les devuelvo 3, uno para cada uno.

Les devuelve a cada uno un euro.

Ahora es cuando viene el “follón”. Si cada uno puso 10 euros y le devuelven 1 euro, realmente puso cada uno de ellos 9 euros.

9 x 3 = 27 euros. Si añadimos los dos euros que se queda el camarero, 29 euros…

¿DÓNDE ESTÁ LA OTRA MONEDA?

La situación arriba indicada corresponde a un conocido sofisma. Podéis encontrar este y muchos otros en internet, así como sus soluciones, aunque os recomendaría que meditárais un poco antes de cotillear donde está el truco.

Cuenta la historia que un rey sin descendencia decidió elegir a su sucesor entre aquellos que eran conocidos como los 3 más sabios de todo el reino. Así pues los citó para una prueba de ingenio como nunca hubo otra igual.

Una vez reunidos en una habitación les hizo sentarse de manera que se encontraban en los vértices de un triángulo equilátero. Podían por tanto ver cada uno de ellos simultáneamente a los otros dos. Entonces les mostró tres gorros blancos y dos negros. Acto seguido les vendó los ojos.

Entonces le colocó a cada uno un gorro en la cabeza de manera que sobraron un gorro blanco y uno negro, que fueron llevados a otra sala donde ninguno de los sabios pudiera verlos.

Cuando todo estuvo preparado les dijo:

El primero que diga de que color es su gorro será el próximo rey pero si falláis perderéis la cabeza. Ahora podéis quitaros la venda y que reine el más sabio.

Un mudo quería comprar un cepillo de dientes. Al imitar la acción de cepillarse los dientes, logró expresarse con señas de manera que el dependiente le entendió y pudo realizar la compra.
Ahora, si un ciego quisiera comprar un par de gafas oscuras, ¿cómo debería hacerlo?